Isabel C. Barrio, bióloga: “Quiero montar una red internacional de investigadores del Ártico”

Isabel CatalánComo cada año, Isa ya está empezando a preparar todo lo necesario para pasar el verano acampada en medio de la tundra canadiense. No se puede olvidar de ningún detalle: hay que hacer conservas y comprar la comida para los tres meses, organizar el material de trabajo y dejar cerrados todos los temas pendientes, pues en el campamento no hay conexión a internet.  

Su jefe, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta (Canadá), lleva diecinueve años subiendo a este emplazamiento, situado en la provincia del Yukon, cerca de Alaska. Aunque no se encuentra en el Polo Norte, poco le falta: está a 60° de latitud (el círculo polar ártico está a unos 66°) y a 1.600 metros de altura. Algunos veranos Isa y sus compañeros han tenido que montar el campamento en medio de la nieve, y durante las últimas semanas de agosto no es raro que les caigan los primeros copos.

De todas formas, parece que a Isa el frío no le importa: por si no tuviera suficiente con los veranos en la tundra, se ha pasado el invierno en las islas subantárticas, concretamente en el archipiélago de Kerguelen, al que llegó como participante de una expedición del Instituto Polar Francés. En la isla principal hay una base científica y, durante el verano austral, la población apenas supera el centenar de personas, entre científicos e investigadores.

Cuéntame que has hecho en las Islas Kerguelen

Una parte de mi tarea consistió en acompañar a otros científicos para conocer su trabajo en la isla, porque la idea es comenzar una colaboración a largo plazo con otros investigadores para comparar ecosistemas árticos, que son los que yo estudio generalmente, con ecosistemas antárticos. Y es muy curioso, porque he visto que hay muchísimas diferencias y no me lo esperaba así.

¿Y cuáles son? Porque, aparentemente, parecen muy similares: nieve, frío…

Por un lado, en Kerguelen la influencia del medio marino es enorme: hay focas, pingüinos, colonias de aves marinas… mientras que las zonas en las que yo trabajo habitualmente están completamente aisladas del mar.

Por otro, y esto es lo que más me ha sorprendido, son sistemas muy distintos desde el punto de vista ecológico. Aquí hay muy pocos herbívoros, que a su vez tienen pocos depredadores, y sin embargo hay muchísimos descomponedores. Es decir, hay pocos organismos que se comen a las plantas cuando están vivas, y muchos organismos que se alimentan de ellas cuando están muertas… que las descomponen, vaya. Sin embargo, los sistemas árticos se basan totalmente en herbívoros. Aquí, hay algunos invertebrados que se alimentan de plantas, y poco más. Bueno, sí que hay herbívoros, pero que no son nativos de aquí, como el conejo y el reno, que fueron introducidos, y como no tienen depredadores, campan a sus anchas por las islas.

¿Y esto no genera problemas, como en Australia?

Han tenido algo de impacto en la vegetación, pero fueron introducidos hace muchos años, con lo que los sistemas ya están más o menos estabilizados. Hay algunos programas de erradicación en islas pequeñitas, pero se ha visto que no es muy viable, porque al eliminarlos entran muchas especies invasoras de plantas y al final es peor el remedio que la enfermedad.

Comentabas antes que esto era una parte de tu trabajo… ¿y la otra?

He aprovechado para desarrollar un pequeño proyecto de fisiología de insectos. Queríamos estudiar la adaptación y la resistencia a la desecación de una mosca nativa sin alas, la Calycopteryx moseleyi. Este “bicho” vive en dos lugares muy diferentes: debajo de algas en descomposición de la zona costera, donde hay mucha salinidad, y dentro de una especie de planta de la isla: Pringlea antiscorbutica, donde el ambiente es más neutro. Es interesante estudiar en esta especie lo que llamamos la “plasticidad fenotípica”, es decir, lo que permite a un organismo vivir en distintos ambientes. Nos puede dar pistas, por ejemplo, sobre la capacidad de adaptación en un escenario de cambio climático, en el que las condiciones, sin duda, serán diferentes a las actuales.

En resumen: que te has ido al Polo Sur a cazar moscas.

Pues… ¡sí! Jajaja

Campamento tundra

Campamento en Yukón, Canadá, donde Isa ha pasado los últimos veranos.

Háblame ahora de tu trabajo en Canadá.

Llevo ya casi tres años viviendo en Edmonton. Vine con una beca posdoctoral de la Universidad de Castilla la Mancha y ahora he enganchado con un contrato para dar unas clases durante este curso. La vida aquí está muy diferenciada entre el invierno, en el que hago una rutina más “normal”: ir a la Universidad, dar clases, trabajar en la oficina con los datos… y el verano, en el que subo a la base científica Kluane Lake Research Station, en Yukon.

Tengo entendido que en este campamento estáis totalmente aislados de la “civilización”, ¿no?

Bueno… un poco sí. Subimos en helicóptero a montarlo todo y, durante los meses que pasamos allí, si queremos salir tenemos cinco horas de caminata.

¿Y salís mucho?

No solemos, pero el año pasado, por ejemplo, yo tuve que salir un montón de veces porque me pilló el verano en medio del papeleo de la Marie Curie – una beca posdoctoral – y necesitaba acceso a internet para hacer todas las gestiones.

¿Cuántas personas estáis en el campamento?

Normalmente somos seis personas, y luego va y viene gente según el momento. Por ejemplo, una vez subió un chico que estudia los sueños de gente que vive en condiciones de aislamiento, como los monjes tibetanos. Nosotros estamos en unas condiciones de “aislamiento temporal”, digamos, así que nos estuvo entrevistando.

¿Y es duro este aislamiento?

Bueno, se nota, pero realmente estoy muy centrada en el trabajo: tengo que hacer muchísimas cosas en poco tiempo, porque en seguida empieza a nevar otra vez, así que los meses allí se pasan volando. En las islas subantárticas, por ejemplo, lo noté más, porque al no ir realmente con un proyecto “propio” el tiempo pasa más lento, y te sientes un poco como en un “Gran Hermano”. Magnificas mucho los problemas y le das más vueltas a la cabeza.

¿Y qué es eso tan interesante a lo que te dedicas en Yukon y que hace que el tiempo se te pase tan rápido?

Pues yo estudio las interacciones entre herbívoros alpinos. Por ejemplo, en un experimento muy curioso he estudiado las interacciones entre las pikas (Ochotona collaris), que son unos “parientes” de los conejos y unas orugas árticas (Gynaephora groenlandica beringiana). Las pikas viven en las rocas y se alimentan en el pasto alpino. En las zonas más cercanas a estos refugios se alimentan más y en las más lejanas menos, por lo que se forma lo que llamamos un “gradiente de herbivoría” sobre la vegetación que se detecta fácilmente.

¿Y qué tienen que ver las orugas en esta historia?

¡Pues eso mismo me pregunto yo! Las pikas y las orugas son “bichos” muy distintos, así que en teoría no deberían interaccionar. Sin embargo, hemos visto que las pikas prefieren alimentarse en zonas en las que ha habido orugas previamente.

¿Y por qué pueden preferirlo?

Tenemos varias hipótesis para explicarlo, y estamos intentando comprobarlas. Una de ellas es que los excrementos de las orugas se descomponen muy fácilmente y entran pronto en el ciclo de los nutrientes. Es decir, las orugas estarían fertilizando la tierra de estos lugares. Pero bueno, tenemos que comprobarlo con nuevos experimentos.

marmota

Las marmotas suelen “cotillear” el trabajo de Isa y sus compañeros.

¿Seguirás subiendo a Yukon muchos años más?

No, de hecho este será probablemente el último. Estoy buscando otras oportunidades, y hemos organizado para primavera un workshop en Helsinki, porque queremos montar una red internacional de investigadores que hacen estudios sobre herbívoros en zonas árticas y alpinas. Esto me abre nuevas posibilidades: Islandia, Noruega, Suecia… lo más probable es que el invierno próximo lo pase en otro país.

No se te ve muy preocupada por el futuro…

No, no lo estoy. Para conseguir una beca tienes que echar cien. Es cuestión de insistir, y al final siempre sale algo.

¿Y volver a España?

Quizá… pero muy a largo plazo. Por ahora seguro que no. Las condiciones de trabajo allí no están nada bien, y una vez que sales fuera y ves cómo funcionan las cosas en otros países, da pereza volver, la verdad.

 

Cuando termino de hablar con Isa mi cabeza está llena de paisajes blancos, aparentemente monótonos, pero que esconden todo un universo de historias por contar. En estos desiertos nevados habitan un montón de organismos con adaptaciones extraordinarias para soportar las duras condiciones del medio, y entre ellos se forman complejas relaciones que van a determinar el funcionamiento de ecosistemas enteros. No se perciben a simple vista, pero estas increíbles aventuras suceden allí, y esperan a que científicos como Isa las descubran y nos las cuenten. Y no puedo dejar de pensar en una cita de Paul Éluard que llegó a mí hace pocos días: “Hay otros mundos, pero están en este”.

 

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