Diego Miralles, hidrólogo: “El escepticismo ante el cambio climático se cura estudiando”

diegoA Diego la carrera de Ciencias Ambientales le supo a poco y por eso, al terminar, se fue a Inglaterra y a Holanda para hacer un máster en hidrología. Después comenzó a ir de país de país: ha pasado por el Ministerio de Agricultura de EEUU, la Universidad de Amsterdam y la Universidad de Bristol, donde trabajó como profesor durante varios años.

Cansado de ir y venir todos los fines de semana a Bélgica para visitar a su pareja, hace pocos meses dejó su puesto en Bristol y se fue para allá con ella: ahora trabaja como investigador en la Universidad de Gante. Las condiciones laborales no son las mismas, pero Diego ha conseguido financiación para varios proyectos que le permiten seguir estudiando lo que más le interesa: la interacción entre el clima y el ciclo hidrológico.

Cuéntame cómo acabaste estudiando el clima…

Yo empecé estudiando humedad del suelo a través de satélites. Con los sensores de los satélites tú puedes medir la radiación emitida por la Tierra, y en concreto los rayos microondas dependen mucho del contenido de agua en la superficie del planeta. Estas mediciones no son tan exactas como las que se hacen de forma directa en campo, pero lo bueno de los satélites es que te permiten abarcar más superficie. La humedad del suelo está cambiando cada pocos centímetros, con medidas de campo no puedes hacer estudios a gran escala.

Empecé haciendo estos estudios, pero después me dio por el tema del clima. Me centré en la evaporación, porque es un componente del ciclo hidrológico que está muy relacionado con la temperatura, la humedad de la atmósfera, la precipitación y un montón de variables que nos permiten estudiar el cambio climático.

¿Y la evaporación también se puede medir desde satélites?

Yo empecé a dedicarme a ello en 2009, y en aquel momento era algo bastante nuevo. El problema de la evaporación es que no la puedes observar directamente desde el espacio, no es como la humedad que tiene una señal clara en la radiación que recibe el satélite. Lo que tienes que hacer es tomar diversas variables que sí son observables como la humedad del suelo, la densidad de vegetación, la temperatura y la radiación del sol, y combinarlas en un modelo para así obtener la evaporación. Es una medida indirecta.

¿Y cómo lo aplicas para estudiar el clima?

Ahora mismo se está trabajando mucho con modelos climáticos para hacer predicciones sobre lo que puede suceder en el futuro. Nuestras observaciones se pueden usar para validar estos modelos, es decir, para evaluar la predicción sobre el dato de evaporación que aparece en ellos. Como la evaporación afecta a la temperatura, si este dato está mal calculado en el modelo climático, cuando lo ejecutas para simular climas futuros puedes obtener temperaturas completamente erróneas.

Por otro lado, a mí me interesa estudiar los impactos que han tenido las emisiones de CO2 en el ciclo del agua, y también ver hasta qué punto el agua afecta al clima, por ejemplo, cómo afectan los cambios en la humedad del suelo y la evaporación a la lluvia y la temperatura. En concreto, en el último artículo que hemos publicado en Nature Geoscience analizamos el efecto de la sequía y la evaporación en la ocurrencia de olas de calor.

¿Y qué os habéis encontrado?

Las sequías y las olas de calor están muy relacionadas. Por un lado, las olas de calor provocan que el suelo se deseque más rápidamente. Al mismo tiempo, la falta de agua en el suelo hace que se caliente más, lo que a su vez incrementa aún más la temperatura del aire, lo que seca los suelos aún más. Es un proceso que se retroalimenta.

Además, estos procesos de interacción entre la superficie del suelo y la atmósfera están normalmente mal caracterizados en los modelos climáticos, y como resultado las predicciones pueden subestimar por ejemplo el agravamiento de las olas de calor en regiones en las que se espera que las lluvias disminuyan. Así que tener este factor en cuenta mejorará la fiabilidad de los modelos climáticos.

¿Y qué zonas son las que se verán más afectadas por estas olas de calor? ¿Por qué?

Una ola de calor se define en base a lo que se espera. Por ejemplo, si tú estás en Sevilla, donde en verano se alcanzan los 40°C, sabes que la temperatura nunca va a ser 15°C mayor, es imposible. Sin embargo, si tú estás en Bélgica, donde en verano la media es de unos 25°C, sí que puede suceder que un verano se alcancen temperaturas 15 o 20°C mayores. Y en estos sitios, ni la gente ni las infraestructuras están preparadas para esas temperaturas tan altas. Por ejemplo, durante la ola de calor de 2003 murieron en París más de 30.000 personas, y en España tan solo un par, cuando las temperaturas fueron similares. Por eso, las zonas que más sufrirán son las latitudes medias, ya que las temperaturas serán mucho mayores que las esperadas: Francia, Bélgica, Alemania, Moscú, ciertas zonas de EEUU y Australia…

Por otro lado, si las olas de calor y las sequías van a estar tan relacionadas, las zonas que en el futuro reciban menos lluvias en primavera serán las más proclives a tener olas de calor, pues comenzarán el verano con suelos muy secos. En general, los modelos climáticos coinciden en predecir menos lluvia en primavera y verano en Europa. Esto se debe en parte a que la emisión de gases de efecto invernadero conlleva una mayor convección atmosférica en torno al ecuador que podría hacer migrar todas las zonas climáticas hacia los polos. Esto implicaría que latitudes medias adoptarían climas semiáridos, más similares a los del sur.

Análisis de evapotranspiración.

Análisis de evapotranspiración.

Y, en el caso concreto de España, aunque de base ya tenemos temperaturas muy altas, ¿podrán aumentar esos episodios de calor?

La predicción para el caso de España no es muy alentadora. Según esta teoría de la migración climática hacia los polos, supondría adoptar un clima similar al del norte de África. De hecho, la región mediterránea es una zona en la que casi todos los modelos climáticos coinciden en predecir un incremento de temperatura progresivamente mayor que para la media del planeta. Más temperatura significa más sequedad del suelo, y potencialmente más y mayores sequias. Y como te decía antes, más sequía implica mayores posibilidades de sufrir olas de calor en verano, aunque en España ya estemos bien adaptados al calor.

Hemos hablado de humedad del suelo, evaporación, temperatura. Hay otras variables que también afectan a estos procesos y supongo que habrá que tener en cuenta.  Por ejemplo, la pérdida de vegetación, que es otra consecuencia del cambio global y también afecta a la humedad del suelo…

Cuando se habla de cambio climático es fácil cegarse con el CO2 y eso no es lo único que lo causa. El primer factor de cambio climático es el efecto invernadero, que lo producen más gases, no solo el CO2. El segundo factor son los aerosoles y el tercero los cambios en el uso del suelo – generalmente la conversión de terreno forestal para la agricultura-. Y los tres factores, en su mayoría consecuencia de la actividad humana, tienen un efecto importante en el ciclo hidrológico, ya que cambian directamente la cantidad radiación absorbida en la atmósfera. Al cambiar la radiación, cambia la temperatura y por lo tanto la evaporación. Cambios en la evaporación se propagan rápido por el ciclo hidrológico: distinta formación de nubes, precipitación, caudal en los ríos, recarga de acuíferos. Por supuesto, todos estos cambios afectan a su vez al clima y a la vegetación. Todo está relacionado.

El tema de los aerosoles, por ejemplo, es curioso, porque ahora que los estamos dejando de usar se está viendo que mitigan el efecto invernadero, ya que reflejan más radiación solar hacia espacio de la que absorben proveniente de la Tierra.

Pero eso no significa que tengamos que empezar a usar más aerosoles, ¿no?

Hay gente que dice que sí. La geoingeniería, de hecho, se dedica a buscar soluciones de ese tipo: generar partículas que reflejen la luz solar en la atmósfera, cambiar la vegetación para que sea más reflectante y enfríe el planeta… Yo, personalmente, pienso que no se deberían tomar soluciones paliativas, sino reducir las causas del cambio. Al fin y al cabo, entendemos poco el clima, es peligroso jugar con él.

¿Y qué le dirías a un escéptico del cambio climático?

Hombre, hace ya bastantes años que no existen discusiones entre los científicos al respecto. Estamos seguros de que los glaciares se están retrayendo, de que la temperatura se ha incrementado a la vez que aumentaban las emisiones de gases con efecto invernadero, han aumentado las catástrofes ambientales, hay cambios en las precipitaciones… los síntomas son evidentes.

Lo que pasa es que las predicciones de los modelos no siempre son exactas y no sabemos con certeza lo que va a pasar, más aun sin conocer hasta qué punto seguiremos emitiendo gases, aerosoles o cambiando el uso del suelo. Con frecuencia, esta incertidumbre de los modelos climáticos se comunica mal, y en ese proceso hay muchos políticos, agentes sociales, empresas, que interpretan que el mensaje es que no sabemos si el clima está cambiando. Pero sí que estamos seguros de ello. De lo que no estamos seguros es de en qué magnitud está cambiando, de dónde está cambiando más y cosas así. Pero a día de hoy ya no hay nadie, o casi nadie que, con cierto conocimiento de cómo funciona el clima, pueda cuestionar que la temperatura se ha incrementado, y que se ha incrementado debido a las actividades del hombre. En resumen, yo pienso que en este sentido el escepticismo se cura estudiando.

Has vivido en un montón de países y llevas tantos años fuera de España que, supongo, ni te planteas el volver…

No, no me lo planteo. Hace poco he dejado un buen trabajo en Bristol para venirme a Bélgica por un motivo personal, y a España solo volvería por algo similar, no por razones profesionales. Y, la verdad es que Bélgica no es el mejor país para trabajar en ciencia, aquí no te creas que está mucho más fácil que en España.

¿Has notado el cambio?

Sí, vengo de trabajar en países donde la ciencia es una prioridad. Aquí está todo muy atrasado. De todas formas, yo ya venía con una trayectoria, conozco gente fuera y me conocen lo suficiente como para no asociar mi nombre al centro en el que trabajo, sino a mi línea de investigación. Yo aquí soy bastante independiente y me acaban de conceder un proyecto grande, con el que voy a contratar gente y formar mi propio grupillo de investigación.

El problema de volver a España no es solo encontrar trabajo, sino el peligro de desaparecer internacionalmente dentro de tu medio de investigación. Supongo que la ciencia es como el fútbol: si uno juega en el equipo malo tiene que ser el doble de bueno para  destacar. Y ahora España es segunda división, siendo muy optimista… Para la gente que tiene una trayectoria bien establecida en su campo, quizá haya alguna posibilidad de volver a España y mantener el ritmo de publicaciones internacionales o enseñar asignaturas realmente interesantes. A la gente que acaba de terminar la tesis doctoral en el extranjero yo personalmente no le recomendaría intentar “volver a España a la aventura”. Y es que antes había que ser valiente para marcharse; ahora hay que ser valiente para volver.

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